Érase una vez…

Hoy he pensado en narrar una novela. Pero no es una novela cualquiera: es la obra más importante que leeré en mi vida, probablemente en tu vida también, en nuestra vida. Hoy había pensado en leer la novela de nuestra vida, nada más y nada menos.

El autor de la obra es anónimo, pero no por ello es desconocido. Nuestra historia está escrita por un cúmulo de fuerzas, de poderes, de engranajes abstractos que no siempre alcanzamos a comprender. Y uno, a veces, debe desprenderse de los saberes modernos para adoptar la posición que adoptaba el filósofo clásico frente a lo desconocido,frente a la realidad.

Quizás la aspiración de este nuevo filósofo, el humano ante el Sistema, sea intentar comprender esa realidad para escapar de la caverna, y quizás si somos grandilocuentes y tenemos delirios de pertenencia a una élite, con el fin de volver a ella para rescatar a las masas y guiarlas hacia la salida de nuestra particular gruta.

A veces es probable que si adoptamos el rol del filósofo contemplativo de las relaciones de poder que escriben nuestra novela, simplemente nos conformemos con saber que al menos dentro de la cueva hay algunas grietas que nos proporcionan espacio para filtrar nuestro pensamiento, y donde hay pensamiento puede haber identidad, existencia.

Habrá, finalmente, quien en un intento desesperado por salir de la caverna, empuñe un martillo y destroce todo cuanto le rodea.

En cualquier caso, lejos estamos, como mortales y simples humanos, de comprender el funcionamiento y todos y cada uno de los engranajes de este Sistema que nos envuelve y nos condiciona nuestra realidad.

Vayamos, sin más preámbulos, a la historia de nuestra vida:

Érase una vez un gordo seboso, podríamos llamarle Joan pero da igual, porque en realidad no es más que un gordo seboso. Joan es una persona amigable, muy amiga de sus amigos y con un gran corazón. Pero es que todo eso da igual porque Joan es un gordo seboso. Y a partir de aquí no hay más discusión. El pobre Joan nació con ese metabolismo de perdedores. El padre de Joan no es más que otro gordo (y muy muy seboso) . Joan hará gimnasia, se privará de caprichos culinarios y probablemente dedique parte del fruto de su trabajo (plusvalías ya descontadas) a tratar de no ser un gordo seboso. Probablemente no lo conseguirá y vivirá toda su vida acomplejado, pensando que no es más que un gordito seboso perdedor.

Érase una vez un empollón asqueroso, a este vamos a llamarle Carlos. A Carlos le gusta estudiar todo lo que le dicen sus profesores. Todo esto estaría muy bien si no fuera porque Carlos de momento solo tiene 13 años. Carlos no sale demasiado a la calle y en clase no habla mucho. En realidad esto no es un problema para Carlos porque sus profesores están contentos con él. Su anti-sociabilidad es recompensada con un 10 en un cartón cada tres meses. Carlos es un ganador muy disciplinado, que lleva la matería al día y que está por encima del resto de sus compañeros de clase. Carlos se lleva bien con la metodología empleada por sus profesores.

Carlos crecerá y pronto empezará a sufrir algo de estrés, posiblemente de ansiedad. A veces tendrá la sensación de que su vida está pasando demasiado deprisa. Pero será mejor no distraerse en esos pensamientos improductivos y centrarse en ascender en el trabajo. La vida del ganador tiene un precio: todo tiene un precio en la novela del Sistema.

Detŕas de Carlos se sienta Ismael, ahora no lo véis sentado porque está en una esquina de la clase, rodeado de cinco compañeros. Pero no podemos decir que Ismael sea más social que Carlos. Digamos que Ismael entiende la relación con sus compañeros de otra forma. En estos momentos, la cara de Ismael está viviendo un baño de saliva proveniente de algún escupitajo disparado con muy buena puntería. Otro compañero le sujeta, para que no se le ocurra escapar y perderse otro baño: el baño de bofetadas que están por caerle. Pero a Ismael esas bofetadas no le duelen, o al menos no tanto como la ristra de adjetivos calificativos que también le escupen.

¡Ay perdón!, no he presentado esta historia como es debido.

Érase una vez un desgraciado, llamado Ismael. Ismael tendrá una gran oportunidad para cambiar completamente su vida con tan solo 15 años: Podrá decidir si subir a algún acantilado y saltar al vacío. O tal vez podrá decidir no hacerlo. Pero Ismael vivirá el resto de su vida con algunas secuelas psicológicas de consecuencias impredecibles.

Érase una vez otro compañero de Ismael, a este vamos a llamarle Óscar. Óscar es un chico muy inteligente, muy sociable, y tiene unas ganas locas de comerse el mundo en el que ha nacido. Óscar se aburre en clase y presenta problemas de conducta que provocan el repudio de sus profesores y de Carlos. Óscar va a aprender rápidamente que el Sistema Educativo no le entiende y terminará dejando el instituto para buscar su lugar en el mundo. Óscar va a empezar a tantear con los efectos de sustancias prohibidas. Lo prohibido le atrae puesto que no quiere fronteras en su vida. Óscar será golpeado por el Sistema, toda su vida.

Érase una vez tú, o yo, o alguien. ¿Qué más da?. Nuestro protagonista nacerá, crecerá, estudiará, hará la primera comunión para que le den regalitos. Se esforzará muchísimo para sacar una buena nota de corte en selectividad que le permita acceder a la Universidad. Y ya, con un título en su pared, procurará casarse y engendrar dos hijos y tres hipotecas. Finalmente se jubilará y colorin colorado, ya habrás palmado.

Ana y Laura son unas chicas muy listas. Pero Ana está sumida en la cultura del esfuerzo y del éxito, a diferencia de Laura. Ana estudia en una academia, y cuando tiene problemas para entender algo sus padres contratan a un profesor particular. Ana va a un colegio privado donde está aprendiendo a esforzarse y trabajar duro. La Universidad sabrá reconocer a Ana todas esas tardes de intenso estudio sin nada más que poder hacer salvo estudiar. Ana tiene un buen futuro como emprendedora y probablemente contrate a Laura.

Pero Laura no se ha esforzado tanto. Con la excusa de tener a su padre en el paro, Laura no irá a una academia a resolver sus dudas. Laura va a un colegio público donde la cultura del esfuerzo no siempre es prioritaria cuando tienes clases abarrotadas y un amplio repertorio de compañeros con problemas de diversa índole. Laura irá a la Universidad pero no se va a esforzar demasiado, pues en vez de estudiar preferirá trabajar de camarera en algún bar para poder echar una manita en casa. Si Laura no deja la Universidad, probablemente su 6.65 de nota media en el Grado de Filosofía no le permitirá destacar demasiado a la hora de encontrar un puesto de trabajo.

También está Simón, este es igual que Laura pero sin llegar a la Universidad.

En esta historia no puede faltar un negro de mierda. Así que os lo presento. En realidad no me pienso esforzar en inventarme un nombre para un negro porque no importa. La verdad es que a nadie le importa la vida de este negro de mierda así que yo por mi dejo esta entrada aquí.

Saludos

P.D: Que sepáis que la Laura esta además de vaga es una zorra, la muy puta.