Ellos dicen Democracia

La Democracia es, sin duda alguna, el perfecto sustituto de la Voluntad de Dios en nuestro tiempo.

Invadir un país a 13.000 kilómetros de la frontera del Estado queda feo. Pero si se hace en nombre de la Democracia entonces todo está más que justificado. Obligar a la población a participar en procesos electorales es necesario si se hace en nombre de la Democracia. La Democracia así lo ha querido, como queda patente en sus Sagradas Escrituras.

 

2001 Presidential Inaugural
(U.S. Air Force photo by Tech. Sgt. Lou Briscese)(Public Domain)

Anexionar a tu territorio una provincia ucraniana es también un designio de la Democracia, como al mismo tiempo lo es separar Montenegro y Serbia en virtud a lo decidido en un democrático referéndum.  La Democracia es sin duda la herramienta más útil para la Patria, las naciones y el nacionalismo moderno. Permite hacer tragar cualquier cosa a una población que igual por la Patria no daría un riñón, pero que por la Democracia daría hasta su vida. La Democracia es tan maravillosa que consigue hacer ver como legítimo que una mayoría imponga su voluntad a una minoría, y que la minoría acepte la imposición. Personalmente, si yo fuera un personajillo poderoso, que tuviera control de los medios de comunicación de un régimen y, por lo tanto, de la opinión de la mayoría, aplicaría democracia continuamente, sin plantearme ningún otro Sistema.

 

EPP_Summit_June_2011_-_Silvio_Berlusconi_4.jpg
Silvio Berlusconi. European People’s Party (Creative Commons Attribution 2.0 Generic)

La Democracia, como nuevo Dios y, a su vez, nueva Religión, es para los pobres. Ha bajado de los cielos para prometer a sus devotos El Paraíso, solamente si se portan bien. Pero, desafortunadamente, estos paraísos terrenales nunca terminan de llegar y siempre es necesario seguir creyendo en la Democracia, un poquito más, seguir siendo fiel ante sus rituales en busca de un paraíso prometido.

A veces, la Democracia, caprichosa ella, se enfada y castiga a sus devotos. Éstos,tienden a culpar a los herejes de todas sus desgracias y creen que rezando más y crucificando a los infieles que no creen en la Democracia, la situación podrá cambiar.

Acto_de_Campaña_Podemos
Acto de Campaña de Podemos. Autor: Gmmr3 (CC-BY-SA 4.0)

La Democracia mola, y antes de ella todo era oscuridad, bigotudos que alzaban sus extremidades superiores y sembraban el mal, rojos con cola que desayunaban bebés e iluminaban iglesias de un modo bastante literal.

La Democracia, como cualquier otra religión, no tiene una base conceptual tangible o al menos visible en la que asentar sus dogmas y postulados para poder referirnos a ellos con cierta objetividad. Para saber sin confusión qué es y qué no es Democracia.

La Democracia, como representante del nacionalismo, ha de elevar a la categoría de dogmas incuestionables conceptos como el de Pueblo, Nación, Cultural, País y Libertad. “La Democracia reside en el pueblo“, ¿A qué demonios se refieren con “pueblo”?. “Las naciones tienen derecho a elegir libremente su futuro“, esta, sin duda, es mi favorita. Yo personalmente no la entiendo: No entiendo qué es una “nación“, qué es eso de la “libertad” y tampoco entiendo por qué una nación ha de tener derechos, y, concretamente ese derecho. Solo encuentro diferentes definiciones sobre lo que es una nación, gente que cuestiona su existencia y, ante este panorama de consignas asentadas en conceptos que se asemejan a terrenos arcillosos, construimos e imponemos todo el ideal de la Democracia: El mejor de los Sistemas.

Echfa_s_Nylonwit_bleekmiddel_pic1
Autor: Alf vam Beem. Licencia: CC0 (Trabajo modificado)

¿De quién es la calle?

 

Si miramos por la ventana (suponiendo que tu piso no sea interior)  podemos descubrir el escenario de una batalla, de una de esas batallas que configuran el devenir de la historia. Efectivamente, hablamos de la calle.

La calle es ese lugar al que acudimos abandonando la calidez de nuestros hogares. Allá vamos para ir a trabajar, a estudiar, para pasear, para correr… ¿Se me olvida algo? ¡Ah sí!, a la calle vamos también para socializar.

Ahí afuera está ese espacio donde los de nuestra especie nos podemos relacionar, divertir o compartir experiencias. La pregunta, ¿de quién es la calle?, parece entonces de obvia respuesta.

En realidad, os voy a confesar una cosa: No sé la respuesta. ¿La calle es de todos? ¿La calle es de nadie? ¿La calle es de Coca Cola?. Estoy confuso.  Para intentar despejar un poco mis ideas he optado por echar un vistazo en detalle a ese espacio tan peculiar.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Efectivamente, es publicidad. La publicidad convive con nosotros en la calle. Allá donde vamos, nos acompaña. Hemos aceptado a la publicidad en este espacio colectivo.

Pero no todo es publicidad, también me he encontrado con esto:

Captura de pantalla de 2016-05-09 00:24:05

 

El mundo más allá de nuestras ventanas parece ser un escaparate donde unos pretendemos contar cosas a los otros. Está claro que no es accidental pues en la calle, como espacio colectivo al que todos pertenecemos en algún momento, todo lo que expongas puede ser visto por todos. Es un canal de comunicación muy efectivo. En el caso de este balcón que clama por la creación de un nuevo Estado para Cataluña, hemos aceptado el uso de la calle como herramienta para reivindicar lo que a nosotros nos de la gana ante todos los demás.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

Esto de aquí es un grafiti. Supongo que no hace falta entrar en demasiado detalle sobre la actitud que se ha tomado ante ellos:

 

Captura de pantalla de 2016-05-09 00:43:29.png

Clic para ver la noticia

 

Parece que a nivel legal los grafitis no están bien aceptados. Tampoco a nivel social parecen ser tolerados. Los grafitis responden a la misma necesidad tiene aquel que cuelga una bandera de un balcón o aquel que patrocina un vagón de metro: La necesidad de utilizar un espacio colectivo para comunicar algo a alguien. Pero mientras que nos molesta que en este espacio nos introduzcan grafitis, no así sucede con la publicidad.

La pregunta que me hago es, ¿Por qué?. Igual entonces es cuando nos podemos dar cuenta que la polémica en torno a los grafitis es la punta del iceberg de un asunto bastante más complejo: ¿de quién es la calle?.

Intentemos ir poco a poco. ¿Qué diferencia existe entre un grafiti y el anuncio de la nueva tarifa plana de TarifiPlaniTel?. Veamos algunas críticas que se realizan a los grafitis:

  • ¿Los grafitis invaden fachadas de pisos de vecinos?. Sí, pero el anuncio de Licores Antich también lo está haciendo.
  • ¿Los grafitis afean la calle?. Esto es demasiado subjetivo, habrá a quién le guste un grafiti y habrá a quién le parezca horrendo. A mi personalmente me parece un poco feo el anuncio de La Grossa que Loteries de Catalunya ha ido estampando por la calle en cada manzana.
  • ¿Te gustaría que te hicieran un grafiti en la fachada de tu casa?. Aquí me has pillado, no me gustaría nada salir una mañana y encontrarme una pintada en la fachada de mi casa, como no me gustaría nada encontrarme que han tapado una ventana de mi casa para poner un anunció de condones preservativos de sabor a frutos tropicales. Así sin avisar previamente ni nada.
  • Los grafitis invaden la propiedad privada.  ¡Ajá!, este parece interesante.

 

Los grafitis invaden la propiedad privada

Los grafitis invaden la propiedad privada

Los grafitis invaden la propiedad privada

… la propiedad privada

 

Resulta que estamos ante un asunto de Propiedades… La calle entonces tiene elementos que son privados. De momento todos estamos de acuerdo (alienación) con que las fachadas son propiedad privada, los coches son propiedad privada. Pero el caso es que las farolas, el asfalto y el muro del grafiti que aparece ahí arriba no son propiedad privada. En este sentido, parece ser que el problema se encuentra en que el grafiti invade una propiedad pública, municipal.

Entonces pareciera ser que no existe, en realidad, problema alguno con el grafiti sino con la violación de la propiedad de los elementos presentes en la calle en los cuales se dibuja el grafiti. Entonces, si absolutamente cualquier elemento que nos encontramos en la calle parece tener propiedad… ¿de quién es la calle?.

Veamos ahora un pequeño ejemplo de nuestra diferente percepción del grafiti frente a otras formas de comunicación. En el caso del transporte público, a todos nos parece horrendo esto:

tren-graffiti-spray-8

Pero que Moritz rotule un tren de cercanías entero nos da más bien igual, aunque el resultado final no diste mucho del de un grafiti.

moritz-trains

¡Qué bonito el tren de Moritz y qué feo el vandalismo de la imagen anterior! ¿Verdad?.  En realidad aquí parece que la frontera entre grafiti y anuncio es un poco delicada. ¿Consideramos entonces grafiti a aquello que no nos cae bien?. Porque el tren de Moritz bien podría haber sido dibujado por un grafitero…

¿Por qué nos parece bien el anuncio de Moritz en el metro y por qué nos parece mal un grafiti?. Ambos están siendo plasmados en una propiedad colectiva, de todos.  La única diferencia existente entre ambas imágenes parece residir en que Moritz ha sacado un fajito de billetes ante Transports Metropolitans de Barcelona (TMB). Por lo tanto, no solo es un tema de propiedad privada sino que entramos de lleno en el mundo del capital. Da la sensación de que las diferentes propiedades existentes en la calle en realidad sostienen un Mercado por el cual los espacios tienen un precio, un valor. Y para utilizar un espacio has de adaptarte al maravilloso imperio de la oferta y la demanda (salvo que tengas un balcón muy chulo donde poder enseñarle a la gente lo indepeguay que eres, eso es gratis aún) .

Vale, ¿qué nos inquieta?. ¿Nos inquieta que unos chavales quebranten la propiedad o nos inquieta que unos chavales intenten utilizar un espacio de la calle sin pasar antes por caja?. ¿La calle es del Mercado?. Pero no centremos nuestra atención en los grafitis. Hoy en día, al menos en el Estado Español, casi todos los municipios cuentan con ordenanzas municipales que castigan no solo los grafitis sino cualquier anuncio que puedas poner en la calle. Desde el “ofrezco clases particulares” a los de “Manifestación mañana“.

La situación que se produce en la calle es muy clasista: si tienes capital, tienes espacio en la calle y aceptación social. Los espacios los dominan las clases que poseen el capital. Los propietarios de los medios de producción son los que deciden las cosas que vas a poder ver por la calle. (Chato, espero que a la tercera se haya captado ya la referencia indirecta a la lucha de clases 😉 ). En realidad, si quieres otro ejemplo: en la Catedral de Granada hace dos siglos era aceptado subirte a la fachada y escribir tu nombre si habías terminado una carrera. ¿Sabéis quiénes estudiaban en la Universidad de Granada (y en cualquier otra) hace dos siglos?. (Pista: un obrero fabril, no)

Pero la calle no es solamente un conjunto de espacios estáticos para hacernos consumir productos. La calle también es el sitio donde realizamos gran parte de nuestra vida. ¿Es nuestra, la calle?. Yo diría que no, que no lo es.

 

Si has decidido no visualizar este vídeo, yo te lo resumo: Va de un señor comportándose por la calle de una forma que provoca sorpresa y hasta miedo a los viandantes. En realidad lo único que hace es bailar un poco.

Al final, en la calle funcionamos con determinadas normas que suponemos de obligado cumplimiento. Es requisito indispensable para la salud mental de quienes nos rodean no ir por la calle como este señor así como también es obvio que no está bien parar a un desconocido y ponernos a hablar con él de lo primero que se nos ocurra… ¿verdad que es obvio?. En realidad no es tan obvio, si nos vamos a Sediles, un pequeño pueblo cercano a Calatayud (Zárágózá) notarás que la gente te para cuando vas por la calle y tratan de hablar contigo de cualquier cosa. Especialmente si vas un verano a la tarde, cuando los vecinos están tomando la fresca en la calle. Para ellos puede ser hasta un poco violento que no quieras pararte un ratito a hablar. Las personas de la tercera edad, por otro lado, están habituadas a hablar con desconocidos en el bus o en una cola.

Parece ser que con el paso del tiempo hemos decidido ser más individualistas cuando utilizamos nuestro espacio común, la calle. ¿Te imaginas estar en un banco, con tus amigos y que de repente venga alguien que no conocéis de nada a hablar con vosotros  de cualquier tema? ¡Cuánta violencia!…

El video inicial y el final están relacionados con el situacionismo, un movimiento cultural y artístico que cree en el poder del arte como herramienta de transformación social y que tiene su punto álgido en la Internacional Situacionista. Algunos artistas situacionistas llevaron a cabo el Detournement. Su idea es la siguiente: Utilizar elementos creados por el poder para tergiversarlos y anular los objetivos para los que fueron originalmente creados. Es especialmente interesante el trabajo de Raymond Hains (9/11/1926 – 28/10/2005). Hains trabaja con carteles publicitarios que son quemados y destrozados por viajeros anónimos. Que los disfrutéis.

 

 

 

 

 

Érase una vez…

Hoy he pensado en narrar una novela. Pero no es una novela cualquiera: es la obra más importante que leeré en mi vida, probablemente en tu vida también, en nuestra vida. Hoy había pensado en leer la novela de nuestra vida, nada más y nada menos.

El autor de la obra es anónimo, pero no por ello es desconocido. Nuestra historia está escrita por un cúmulo de fuerzas, de poderes, de engranajes abstractos que no siempre alcanzamos a comprender. Y uno, a veces, debe desprenderse de los saberes modernos para adoptar la posición que adoptaba el filósofo clásico frente a lo desconocido,frente a la realidad.

Quizás la aspiración de este nuevo filósofo, el humano ante el Sistema, sea intentar comprender esa realidad para escapar de la caverna, y quizás si somos grandilocuentes y tenemos delirios de pertenencia a una élite, con el fin de volver a ella para rescatar a las masas y guiarlas hacia la salida de nuestra particular gruta.

A veces es probable que si adoptamos el rol del filósofo contemplativo de las relaciones de poder que escriben nuestra novela, simplemente nos conformemos con saber que al menos dentro de la cueva hay algunas grietas que nos proporcionan espacio para filtrar nuestro pensamiento, y donde hay pensamiento puede haber identidad, existencia.

Habrá, finalmente, quien en un intento desesperado por salir de la caverna, empuñe un martillo y destroce todo cuanto le rodea.

En cualquier caso, lejos estamos, como mortales y simples humanos, de comprender el funcionamiento y todos y cada uno de los engranajes de este Sistema que nos envuelve y nos condiciona nuestra realidad.

Vayamos, sin más preámbulos, a la historia de nuestra vida:

Érase una vez un gordo seboso, podríamos llamarle Joan pero da igual, porque en realidad no es más que un gordo seboso. Joan es una persona amigable, muy amiga de sus amigos y con un gran corazón. Pero es que todo eso da igual porque Joan es un gordo seboso. Y a partir de aquí no hay más discusión. El pobre Joan nació con ese metabolismo de perdedores. El padre de Joan no es más que otro gordo (y muy muy seboso) . Joan hará gimnasia, se privará de caprichos culinarios y probablemente dedique parte del fruto de su trabajo (plusvalías ya descontadas) a tratar de no ser un gordo seboso. Probablemente no lo conseguirá y vivirá toda su vida acomplejado, pensando que no es más que un gordito seboso perdedor.

Érase una vez un empollón asqueroso, a este vamos a llamarle Carlos. A Carlos le gusta estudiar todo lo que le dicen sus profesores. Todo esto estaría muy bien si no fuera porque Carlos de momento solo tiene 13 años. Carlos no sale demasiado a la calle y en clase no habla mucho. En realidad esto no es un problema para Carlos porque sus profesores están contentos con él. Su anti-sociabilidad es recompensada con un 10 en un cartón cada tres meses. Carlos es un ganador muy disciplinado, que lleva la matería al día y que está por encima del resto de sus compañeros de clase. Carlos se lleva bien con la metodología empleada por sus profesores.

Carlos crecerá y pronto empezará a sufrir algo de estrés, posiblemente de ansiedad. A veces tendrá la sensación de que su vida está pasando demasiado deprisa. Pero será mejor no distraerse en esos pensamientos improductivos y centrarse en ascender en el trabajo. La vida del ganador tiene un precio: todo tiene un precio en la novela del Sistema.

Detŕas de Carlos se sienta Ismael, ahora no lo véis sentado porque está en una esquina de la clase, rodeado de cinco compañeros. Pero no podemos decir que Ismael sea más social que Carlos. Digamos que Ismael entiende la relación con sus compañeros de otra forma. En estos momentos, la cara de Ismael está viviendo un baño de saliva proveniente de algún escupitajo disparado con muy buena puntería. Otro compañero le sujeta, para que no se le ocurra escapar y perderse otro baño: el baño de bofetadas que están por caerle. Pero a Ismael esas bofetadas no le duelen, o al menos no tanto como la ristra de adjetivos calificativos que también le escupen.

¡Ay perdón!, no he presentado esta historia como es debido.

Érase una vez un desgraciado, llamado Ismael. Ismael tendrá una gran oportunidad para cambiar completamente su vida con tan solo 15 años: Podrá decidir si subir a algún acantilado y saltar al vacío. O tal vez podrá decidir no hacerlo. Pero Ismael vivirá el resto de su vida con algunas secuelas psicológicas de consecuencias impredecibles.

Érase una vez otro compañero de Ismael, a este vamos a llamarle Óscar. Óscar es un chico muy inteligente, muy sociable, y tiene unas ganas locas de comerse el mundo en el que ha nacido. Óscar se aburre en clase y presenta problemas de conducta que provocan el repudio de sus profesores y de Carlos. Óscar va a aprender rápidamente que el Sistema Educativo no le entiende y terminará dejando el instituto para buscar su lugar en el mundo. Óscar va a empezar a tantear con los efectos de sustancias prohibidas. Lo prohibido le atrae puesto que no quiere fronteras en su vida. Óscar será golpeado por el Sistema, toda su vida.

Érase una vez tú, o yo, o alguien. ¿Qué más da?. Nuestro protagonista nacerá, crecerá, estudiará, hará la primera comunión para que le den regalitos. Se esforzará muchísimo para sacar una buena nota de corte en selectividad que le permita acceder a la Universidad. Y ya, con un título en su pared, procurará casarse y engendrar dos hijos y tres hipotecas. Finalmente se jubilará y colorin colorado, ya habrás palmado.

Ana y Laura son unas chicas muy listas. Pero Ana está sumida en la cultura del esfuerzo y del éxito, a diferencia de Laura. Ana estudia en una academia, y cuando tiene problemas para entender algo sus padres contratan a un profesor particular. Ana va a un colegio privado donde está aprendiendo a esforzarse y trabajar duro. La Universidad sabrá reconocer a Ana todas esas tardes de intenso estudio sin nada más que poder hacer salvo estudiar. Ana tiene un buen futuro como emprendedora y probablemente contrate a Laura.

Pero Laura no se ha esforzado tanto. Con la excusa de tener a su padre en el paro, Laura no irá a una academia a resolver sus dudas. Laura va a un colegio público donde la cultura del esfuerzo no siempre es prioritaria cuando tienes clases abarrotadas y un amplio repertorio de compañeros con problemas de diversa índole. Laura irá a la Universidad pero no se va a esforzar demasiado, pues en vez de estudiar preferirá trabajar de camarera en algún bar para poder echar una manita en casa. Si Laura no deja la Universidad, probablemente su 6.65 de nota media en el Grado de Filosofía no le permitirá destacar demasiado a la hora de encontrar un puesto de trabajo.

También está Simón, este es igual que Laura pero sin llegar a la Universidad.

En esta historia no puede faltar un negro de mierda. Así que os lo presento. En realidad no me pienso esforzar en inventarme un nombre para un negro porque no importa. La verdad es que a nadie le importa la vida de este negro de mierda así que yo por mi dejo esta entrada aquí.

Saludos

P.D: Que sepáis que la Laura esta además de vaga es una zorra, la muy puta.